miércoles, 31 de marzo de 2010

REFLEXION PARA SEMANA SANTA


NO TE BAJES DE LA CRUZ

Según el relato evangélico, los que pasaban ante Jesús crucificado se burlaban de él y, riéndose de su sufrimiento, le hacían dos sugerencias sarcásticas: Si eres Hijo de Dios, «sálvate a ti mismo» y «bájate de la cruz».

Ésa es exactamente nuestra reacción ante el sufrimiento: salvarnos a nosotros mismos, pensar sólo en nuestro bienestar y, por consiguiente, evitar la cruz, pasarnos la vida sorteando todo lo que nos puede hacer sufrir. ¿Será Dios así? ¿Alguien que sólo piensa en sí mismo y en su felicidad?

Jesús no responde a la provocación de los que se burlan de él. No pronuncia palabra alguna. No es el momento de dar explicaciones. Su respuesta es el silencio. Un silencio que es respeto a quienes lo desprecian, comprensión de su ceguera y, sobre todo, compasión y amor.

Jesús sólo rompe su silencio para dirigirse a Dios con un grito desgarrador: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» No le pide que lo salve bajándolo de la cruz. Sólo que no se oculte, ni lo abandone en este momento de muerte y sufrimiento extremo. Y Dios, su Padre, permanece, en silencio.

Sólo escuchando hasta el fondo ese silencio de Dios, descubrimos algo de su misterio. Dios no es un ser poderoso y triunfante, tranquilo y feliz, ajeno al sufrimiento humano, sino un Dios callado, impotente y humillado, que sufre con nosotros el dolor, la oscuridad y hasta la misma muerte.

Por eso, al contemplar al crucificado, nuestra reacción no es de burla o desprecio, sino de oración confiada y agradecida: «No te bajes de la cruz. No nos dejes solos en nuestra aflicción. ¿Para qué nos serviría un Dios que no conociera nuestra cruz? ¿Quién nos podría entender?

¿En quién podrían esperar los torturados de tantas cárceles secretas? ¿Dónde podrían poner su esperanza tantas mujeres humilladas y violentadas sin defensa alguna? ¿A qué se agarrarían los enfermos crónicos y los moribundos? ¿Quién podría ofrecer consuelo a las víctimas de tantas guerras, terrorismos, hambres y miserias? No. No te bajes de la cruz pues si no te sentimos «crucificado» junto a nosotros, nos veremos más «perdidos».

Es difícil imaginar algo más escandaloso que un «Dios crucificado». Y tampoco algo más atractivo y esperanzador. No sé si podría creer en un Dios que fuera sólo poder. Creo que los humanos sólo podemos confiar en un Dios débil, que sufre con nosotros y por nosotros, y sólo así despierta en nosotros la esperanza.

Estos días he podido ver con qué arrogancia actúan los poderosos y con qué facilidad se destruye a los débiles; quiénes son los satisfechos y quiénes los desgraciados; dónde están los que deciden y organizan todo, y dónde mueren las víctimas que lo padecen todo.

¿A qué me podría yo agarrar si Dios fuera simplemente un ser poderoso y satisfecho, que decide y organiza el mundo a su antojo, muy parecido a los poderosos de la tierra, sólo que más fuerte que ellos? ¿Quién me podría dar una esperanza si no supiera que Dios está sufriendo con las víctimas y en las víctimas? ¿Quién me podría consolar si no supiera que un «Dios crucificado» es lo más opuesto a estos «dioses» que sólo saben crucificar?

Ese Dios crucificado me ayuda a ver la realidad desde los crucificados. Desde estos hombres y mujeres abatidos sin miramiento alguno, se ve mejor cómo está el mundo y qué le falta para ser humano. El mal tiende a disfrazarse, pero allí donde alguien es crucificado, todo se esclarece. Sabemos dónde está Dios y dónde están los que se le oponen.

Los crucificados no me dejan creer en esas grandes palabras como «progreso», «democracia» o «libertad», cuando sirven para matar inocentes. Siempre se ha matado en nombre de algún «dios». El poder tiende a sacralizarse a sí mismo, se presenta como intocable e indiscutible, se legitima en los votos o en las grandes causas. Da lo mismo. Cuando aterroriza y destruye a inocentes, queda desenmascarado. Ese poder nada tiene que ver con el verdadero Dios.

Esta Semana Santa, al besar la Cruz, quiero besar a todos los crucificados, pedirles perdón y ver en ellos a ese Dios crucificado que me llama a recordarlos y defenderlos siempre.

VIGILIA DE ORACION DE MANOS UNIDAS




















Un año mas la cena solidaria han sido muchas genaveros los que han partipado en el proyecto,
con un poco de todos es un mucho para ellos.
GRACIAS por estar.

HORIO DE SEMANA SANTA 2010

JUBILEO DE LA VIRGEN DE LA CABEZA


Un grupo de genaveros viajan al santuario de la VIRGEN DE LA CABEZA para recibir el jubileo.

21 de Marzo DOMINGO V DE CUARESMA DIA DEL SEMINARIO

La verdad es que nos encanta ser jueces y jurados y verdugos. Todo al mismo tiempo. Siempre estamos preparados a dar nuestra opinión sobre el comportamiento o las actitudes de éste o del otro. Miramos a sus ojos y no vemos una persona sino el objeto de nuestro juicio. Siempre tenemos claro lo que habría que hacer. Y no nos solemos decantar por el lado de la misericordia. Nuestros juicios suelen ser duros y terminan con facilidad en la condena
Hoy Jesús se enfrenta a una situación de esas. Pero su actitud es diferente. Primero de todo, mantiene su libertad. No se alinea con la masa. No se deja llevar. No intenta hacerse el simpático. Más bien, busca una manera de salvar a aquella persona. Parece que lo que menos le importa es que sea culpable o no. Lo suyo es salvar no juzgar ni mucho menos condenar. Logra detener a aquellos exaltados que se sentían autorizados por la ley de Moisés –habría que recordar que el mismo Jesús dice en otro pasaje del Evangelio que hay que cumplir esa ley hasta la última tilde–. Lo hace recordándoles que el mundo es una gran comunidad... de pecadores. En la Cuaresma ése es un punto que no debemos olvidar. Todos somos pecadores. Todos somos frágiles. Nadie es perfecto. Claro que hay diferencias entre unos y otros. Pero son de cantidad más que de cualidad. Al final, todos estamos necesitados de la misericordia de Dios. Todos necesitamos de la mano amiga que nos levante del laberinto de miseria en que estamos perdidos. El amor de Dios nos crea, nos regala la vida y el amor que necesitamos para llegar a ser plenamente hijos e hijas de Dios, para llegar a ser libres como Dios nos quiere, para llegar a ser personas en toda la amplitud de la palabra.

Lectura de Isaías 43,16-21
Así dice el Señor, que abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, tropa con sus valientes; caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue. «No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo. Me glorificarán las bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza.» Palabra de Dios

Lectura a los Filipenses 3,8-14
Hermanos: Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos. No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para Mi. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús. Palabra de Dios

Lectura del santo evangelio según san Juan 8,1-11
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.» Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.» Palabra del Señor

«EL SACERDOTE, TESTIGO DE LA MISERICORDIA DE DIOS»

Hablar del Seminario es referirnos a una realidad viva, a una familia muy apreciada y necesaria en el conjunto de la familia diocesana. Es de todos y juntos compartimos nuestro afecto, apoyo y preocupación en favor de tan querida institución. En el Seminario se forman los futuros sacerdotes que serán destinados a ser los servidores de Jesucristo y de su Evangelio para todos y cada uno de los fieles diocesanos.
Precioso el lema elegido para la jornada del Día del Seminario en este Año Sacerdotal: “El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios”. La Iglesia es muy consciente de que uno de sus primeros deberes será siempre el de predicar el Evangelio de la misericordia. Por las manos del sacerdote llegan las aguas renovadoras de la misericordia divina, manantial inagotable de gracia.
La misericordia es don de Dios. Quien cree en Dios cree en su misericordia.
Dice San Agustín que “a Dios se asciende por la oración y Dios desciende en misericordia”.
La misericordia de Dios llega siempre al que reza y espera como rocío del cielo.
El sacerdote es el hombre de entre los hombres que ha oído y conoce el grito de su pueblo. Llamado por Dios, decide entregar su vida para librarlo. Por él, actúa Dios. Es puente del amor inmenso de Dios, capaz de allanar barreras y montañas que ponemos los humanos, creyentes y no creyentes, porque la misericordia de Dios es para todos.
Por el sacerdote discurren las gracias que renuevan la tierra reseca y abrasada.
Es el agua que empapa, calma los ardores y fecunda, hasta resucitar, lo que estaba muerto. Es la presencia de Jesús Resucitado entre nosotros.
Al escribir estas dos palabras me siento en la condición de un necesitado que pide ayuda a todos sus fieles: sacerdotes, consagrados, fieles laicos. La Iglesia de Jaén necesita de todos sus diocesanos para que el Seminario cumpla con sus objetivos, para que surjan y se fomenten las vocaciones y para que se cuiden, se desarrollen y lleguen a su término en el Seminario.
Es imprescindible el protagonismo de los sacerdotes para que con sus palabras y vida, sobre todo, ofrezcan ese don a los jóvenes. Las familias tienen un papel no menos relevante en estas llamadas. Que no duden en apoyar la vocación de sus hijos, si Dios os hace este regalo. Hago también esta llamada a los educadores cristianos, maestros, catequistas, profesores... Todos estamos llamados a renovar nuestro interés y afecto por los seminaristas y por quienes se preocupan y atienden su formación. Gracias a todos.
Quiero transmitir ánimo a los seminaristas para que valoren el don recibido, para que no se pierda, para que aspiren con decisión y humildad a ser santos por este camino.
Rezamos a Dios por vosotros y por todos los llamados. Buscamos con interés estas plantas tan necesarias y escasas en nuestra Iglesia. Los que habéis escuchado y seguido la llamada de Dios, no dudéis en entregaros de lleno al Señor. Trabajad sin descanso y como única preocupación en adquirir la ciencia y virtudes que espera el Señor de vosotros y también ya los fieles a los que seréis enviados, cuando él lo quiera.
Un recuerdo también especial y agradecido de todos para la Delegación episcopal de vocaciones y para quienes, en nombre de todos, han asumido la no fácil misión de formar a nuestros seminaristas: Rector, formadores, profesores.
A las comunidades parroquiales y familias que cuentan entre sus miembros con algún seminarista: vuestro apoyo y oración es imprescindible en esta tarea ardua y nada fácil, menos en la sociedad actual. Dios os lo pagará con creces. Oremos por nuestros Seminarios. Ayudemos también con nuestros medios económicos a su mantenimiento y mejoras, pero, sobre todo, pidamos al Dueño de la Mies, y a la que es Madre nuestra, la Santísima Virgen, que envíe con abundancia vocaciones a su Iglesia, particularmente en este Año Sacerdotal.
Mi saludo agradecido y bendición. RAMÓN DEL HOYO LÓPEZ.

La Conferencia Episcopal Española (CEE) ha puesto en marcha una campaña de comunicación en favor del derecho a la vida de los que van a nacer, con motivo de la Jornada por la Vida que se celebrará el próximo 25 de marzo. La campaña, que este año lleva por lema: “¡Es mi vida!... Está en tus manos”, tiene como objetivos principales seguir dando voz a los que van a nacer para defender su derecho a la vida y ofrecer apoyo real a las mujeres gestantes que se encuentran en dificultades.
En continuidad con la campaña realizada el año pasado “¿Y yo?...¡Protege mi vida!”, los carteles muestran la vida humana en sus primeros estadios. De este modo, se subraya la presencia en el vientre materno de un nuevo ser humano cuyo derecho a la vida debe ser reconocido y tutelado. Un bebé, en esta ocasión sostenido sobre las manos entrelazadas del padre y de la madre, vuelve a tomar la palabra y exclama: “¡Es mi vida!... Está en tus manos”.

martes, 16 de marzo de 2010

14 de Marzo DOMINGO IV DE CUARESMA

Hay muchas personas que se sienten rotas por dentro precisamente porque no se han sentido reconciliadas, porque tienen heridas abiertas. Necesitan a gritos de la misericordia de los demás. Su misma forma de actuar, violenta a veces, inmisericorde tantas, habla de que nunca han experimentado el amor verdadero, legítimo, incondicional, generoso de un padre que les acoja con el corazón abierto.

Hay que escuchar de nuevo esta parábola para conocer cómo es Dios –esa es probablemente la verdadera conversión: ajustar nuestra idea de Dios al “Abbá” de Jesús que se nos revela en el Evangelio–. Debemos dejar que su Palabra llegue a nuestro corazón y que la misericordia entrañable que en ella se expresa cure nuestras heridas y nos permita ser hombres y mujeres nuevos, las “criaturas nuevas” de que habla Pablo en la segunda lectura, capaces primero de sentirnos reconciliados por dentro y luego de ejercer en nuestro mundo el ministerio de la reconciliación.

Sentirnos reconciliados es sentir el abrazo del Padre que nos acoge. Da lo mismo que tengamos la experiencia de habernos ido de la casa del Padre con nuestra mitad de la herencia y haberla dilapidado o no la tengamos. En los dos casos, con el hijo menor y con el hijo mayor, el padre sale en su busca y se acerca a ellos, les abre su corazón y, con palabras o con gestos, les dice que “todo lo mío es tuyo”. No hay condiciones en la acogida. No se imponen penitencias. Por el contrario, se abre la puerta del banquete y se nos invita a compartir la fiesta y la alegría desbordantes de la fraternidad. En la celebración de la Eucaristía acogemos al hermano, nos sentimos nosotros acogidos y experimentamos la reconciliación, la misericordia sin medida de Dios. Rezamos juntos el Padrenuestro y compartimos el mismo Pan. Y al final somos enviados al mundo para llevar el ministerio de la reconciliación, para acoger a los hermanos y hermanas, a todos los que nos encontremos y hacer de nuestra vida y de nuestro mundo una Eucaristía.


EL PRÓXIMO DOMINGO CELEBRAMOS EL DÍA DEL SEMINARIO. NO OLVIDES ESTA SEMANA REZAR POR ESTA CAUSA Y SOBRE TODO TRAER TU DONATIVO PARA COLABORAR EN LA FORMACIÓN Y EDUCACIÓN DE LOS FUTUROS SACERDOTES. GRACIAS

Lectura a los Corintios 5,17-21

El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Palabra de Dios

Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,1-9

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mi nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."» Palabra del Señor

DIA DEL SEMINARIO 2010

Como todos los años el domingo más próximo al día de San José, celebramos el día del Seminario.

El lema que titula la celebración del Día del Seminario para este año, «El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios», también debe ayudarnos a tomar conciencia de aquellos rasgos que son propios de los sacerdotes y que han de ser los que un joven seminarista desee y anhele para su futuro comportamiento pastoral en la Iglesia y en la sociedad.

El tema de la misericordia vivida y testimoniada por el sacerdote se centra en una dimensión primordial y capital de su vocación concreta: la relación con Cristo pastor misericordioso. También esta relación debe ir creciendo gradual y paulatinamente durante los años de formación en el seminario.

El seminarista candidato al sacerdocio debe primeramente reconocer la misericordia que Dios ha tenido con él a la hora de ofrecerle el don vocacional (elección) y debe vivirlo con un compromiso libremente asumido y ardientemente deseado (respuesta vital). Seguidamente, el seminario y la labor del equipo de formadores atenderán las cualidades presentes en la naturaleza humana del seminarista, fundamento real de la vocación, para construir la formación sacerdotal.

Todas las dimensiones o áreas formativas que el Seminario ofrece están llamadas a promover la misericordia, pues todas están integradas entre sí y crecen a la vez, todas dependen interiormente unas de otras; a saber:

– La formación humana, fundamento de toda la formación sacerdotal, posibilita un itinerario de madurez de la personalidad que ha de orientarse hacia la formación del pastor.

– La formación espiritual busca cómo estrechar la relación del futuro sacerdote con Cristo; por tanto, el seminario ha de ofrecer una educación en las virtudes.

– La formación intelectual tiene por objeto cimentar la propia fe y adiestrar a los seminaristas para anunciarla a los hombres de hoy; no basta por tanto una capacidad suficiente para realizar los estudios, importan también otras cualidades y virtudes humanas esenciales (creatividad, racionalidad crítica y constructiva, inteligencia práctica o sentido común...).

– La formación pastoral, orientada desde el triple munus de enseñar, santificar y regir; esta forma de ser y hacer dependerá en gran medida de las aptitudes prácticas del sujeto para acompañar y servir al pueblo de Dios, de la capacidad de los candidatos para comprometerse en una vida y comportamiento pastoral que se desarrolla en múltiples relaciones humana en la Iglesia y en la sociedad.

– La formación comunitaria tiene repercusiones importantes en el modo de promover y vivir la misericordia durante tiempo de estancia en el seminario, dado que influye en la forma determinada de vivir la disciplina, educa a los alumnos en la libertad interior y sencillez de vida, les ayuda a entender adecuadamente la obediencia, se ejercitan las relaciones entre los compañeros y el reparto de responsabilidades en previsión a la futura pertenencia a la vida y fraternidad presbiteral.

Oración por el Seminario

Señor Jesús,

que has querido guiar a tu pueblo

mediante el ministerio de tus sacerdotes:

¡Gracias por tan preciado regalo a toda

la humanidad!

Cuida a cuantos has llamado a ser tus pastores y

cólmalos con tu Gracia.

Fortalece el corazón de aquellos jóvenes que

están dispuestos a arriesgarlo todo por Ti para

ser testigos de tu misericordia entrañable, para

partir, repartir y compartir el pan de la Palabra

y de la Eucaristía.

Amén.

AGENDA DE LA SEMANA

Lunes 15.

CATEQUESIS 5º (4.00 t)

Martes 16.

CATEQUESIS 4º (4.30t.)

Miércoles 17.

CATEQUESIS 1º (5.00t.)

CATEQUESIS 3º (5.00t.)

Jueves 18.

CATEQUESIS 6º Y 1º E.S.O. (6.00t.)

ORACIÓN Y CENA DEL HAMBRE (8.t)

Viernes 19. (Abstinencia)

CATEQUESIS 2º Y 3 E.S.O. (6.00t.)

CATEQUESIS CONFIRMACIÓN (6.00t.)

Sábado 20.

EUCARISTÍA (6.30t.) DIA DEL SEMINARIO

Domingo 21. V.CUARESMA

PEREGRINACIÓN PARROQUIAL VIRGEN DE LA CABEZA (9.00m.)

martes, 9 de marzo de 2010

CENA DEL HAMBRE 2010


MANOS UNIDAS GENAVE


CENA DEL HAMBRE:

8 de Marzo del 2010

HORA: 8 de la tarde

DONATIVO: 3 Euros







El proyecto de Manos Unidas encomendado este año para la Sierra de Segura, ha sido la reconstrucción de una escuela de secundaria en África, cuyo valor económico es de 38.209,00 Euros.

¡¡¡¡¡¡¡¡COLABORA!!!!!!!!!!!