sábado, 28 de noviembre de 2009

22 de Noviembre CRISTO REY DEL UNIVERSO


El próximo domingo para colaborar con los inmigrantes traeremos a la parroquia ARROZ Y ACEITE.

MUCHAS GRACIAS POR TU COLABORACIÓN



Con esta solemnidad en la que celebramos a Jesucristo como Rey del Universo culminamos el año litúrgico: esa oportunidad que nos han ido dando, de domingo en domingo, los encuentros con el Resucitado de poder vivir el presente a la vista de lo que tendrá futuro eterno en el Reino de Dios, tal y como en Él ya se ha desvelado. El mismo Señor nos quiere hoy ofrecer una visión grandiosa de esta perspectiva con la que cierra y nos abre a un nuevo año, por ser la que de verdad nos hace sabios a la hora de decidir la vida en la que gastarlo…
El Reino de Jesús, es un reino de amor y misericordia, de comprensión y perdón, de acogida para los alejados, de generosidad con todos. Su reino es toda una forma de convivencia entre las personas en la que se parte de un principio básico: somos hijos del mismo padre y, por eso, somos hermanos. Lo que tenemos, lo que somos, lo compartimos. Y esa es la única forma de alcanzar la plenitud, nuestra plenitud. Ese es el reino de Jesús. Eso es lo que hoy celebramos en esta fiesta de final del año litúrgico.
Pilatos no entendió lo que le decía Jesús. Probablemente no le pareció más que un loco potencialmente peligroso. Por eso lo condenó. Hoy nosotros, desde la perspectiva de la fe, deberíamos saber que el poder de Jesús es mucho más fuerte que el de Pilatos. Pilatos tiene la violencia de las armas. Jesús tiene la fuerza del amor, del perdón y de la misericordia. Pilatos, con su violencia, puede destruir pero sólo Jesús puede construir porque sólo el amor construye y abre nuevas posibilidades de vida. Si creemos en Jesús es hora de alistarnos en sus filas y avanzar bajo su bandera. Jesús es de verdad todopoderoso. Sólo con él podremos construir un mundo nuevo.

Lectura: Daniel 7,13-14
Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Palabra de Dios

Lectura: del Apocalipsis 1,5-8

Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Mirad: El viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén.

Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso.» Palabra de Dios


Lectura del santo evangelio según san Juan 18,33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?»
Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.» Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

Palabra del Señor

RECUERDA

Como cada año cuando se aproxima la recolección de la aceituna son muchos los inmigrantes que se acerca a nuestros pueblos y ciudades buscando un puesto de trabajo. Es cierto también, que son tanto los que viajan hasta los pueblos de Jaén que no hay trabajo para todos.

¡Pero todos necesitan comer diariamente para vivir!

Como cada año desde Cáritas de nuestras parroquias se ofrece comida y cama para los inmigrantes que llegan (estuve hambriento y me disteis de comer). En Úbeda, como desde hace ya varios años, se ha abierto un comedor para todos aquellos que están llegando desde muy lejos. El año pasado se atendió durante cuatro meses a una media de doscientas personas diarias que buscaban un plato de comida caliente.

Desde Cáritas Interparroquial de Úbeda se nos hace un llamamiento a los cristianos de Torres de Albanchez para que COLABOREMOS CON ELLOS EN ESTE PROYECTO APORTANDO ALIMENTOS no perecederos (legumbres, leche, aceite, azúcar, pasta) que se puedan ofrecer a todos aquellos que lo necesitan, el año pasado ya colaboramos con este proyecto.

Cada domingo de Adviento traeremos a nuestra parroquia algunos alimentos para tal fin.

AGENDA DE LA SEMANA

Lunes 23.

REUNIÓN SACERDOTES HORNOS (10 m.)

CATEQUESIS 2º (4.30t.)

CATEQUESIS 5º (5.00t.)

Martes 24.

CATEQUESIS 4º (4.30t.)

Miércoles 25.

CATEQUESIS 1º (5.00t.)

CATEQUESIS 3º (5.00t.)

Jueves 26.

CATEQUESIS 6º Y 1º E.S.O. (6.00t.)

CATEQUESIS 2º Y 3 E.S.O. (6.00t.)

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO (6.00t.)

EUCARISTÍA (6.30t.)

Sábado 28.

RETIRO ADVIENTO SACERDOTES (10.m)

CATEQUESIS CONFIRMACIÓN (6.30t.)

Domingo 29. I. ADVIENTO

EUCARISTÍA (6.30t.)


ORACIÓN:

EN UN SOLO BARCO

Señor Jesús,
tú nos has lanzado al mar de la vida
en un solo barco;
un barco para todos

hombres y mujeres,
negros y blancos,
sanos y enfermos,
ateos y creyentes;
un barco que tú conduces hacia el puerto
con mano firme
en horas de bonanza y en tiempo de tempestad.
Cuida, Señor, a cada uno
de los que navegamos mar adentro.
¿Cómo íbamos a encontrar la paz
si un hermano nuestro, un solo hermano,
se hundiera ante nosotros
y desapareciera para siempre de nuestra vista?
¿Quién podría llenar su hueco
en nuestro corazón?
Haz, Señor, que,
a pesar de nuestras inseguridades,
de nuestras vacilaciones,
de nuestros miedos,
nos arriesguemos a dar la mano
a quienes necesiten nuestra ayuda
para que, agarrados a ti,
logremos desembarcar un día,
todos juntos,
en el único puerto:
el corazón del Padre.
Amén

15 de Noviembre DOMINGO XXXIII DEL T.O.

¿Por qué imaginamos la venida última de Cristo como una amenaza? El Evangelio, es cierto, nos dice que este mundo quedará destruido pero se supone que tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo no en este mundo. ¿O no? Y se supone que de Cristo esperamos la salvación, la vida, la misericordia, el perdón. ¿O no?
Se hablan del fin de nuestro mundo. Porque este mundo tiene fecha de caducidad. El paso del tiempo le persigue como una amenaza. Nada dura para siempre. Nuestra propia vida está amenazada de muerte. Y nuestra muerte significa la muerte y desaparición de nuestro mundo. Pero ahí está la primera lectura del profeta Daniel. Reconoce que ése será un “tiempo de angustia”. Pero ése es precisamente el tiempo en el que surgirá Miguel, el que “defiende a los hijos de tu pueblo”. Y dice también que “en aquel tiempo se salvará tu pueblo”. Es que Dios no va a dejar de su mano a sus hijos. ¿Es que puede el padre abandonar a sus hijos y condenarlos a la muerte? ¿Puede el Creador complacerse en la destrucción de su propia creación? En el Evangelio también se habla de ese último momento. También es momento de tribulación. Pero precisamente en ese momento es cuando aparecerá el Hijo del Hombre para reunir de los cuatro vientos a sus elegidos. El texto no quiere ser una amenaza sino precisamente lo contrario. Las palabras de Jesús quieren suscitar nuestra esperanza. Ni en medio de las mayores dificultades Dios nos deja de su mano. Somos sus hijos. Esta humanidad doliente es su familia y no la va a abandonar nunca. Al final, triunfará la misericordia, el amor, el perdón. Al final, el Hijo del Hombre nos traerá la vida y la vida en plenitud. A todos, comenzando por aquellos a los que les ha tocado la peor parte en este mundo. Es momento de levantar la cabeza y dejar que la esperanza haga brotar una sonrisa en nuestro rostro. Y de dar la mano a todos para compartir esa esperanza y no dejar que ningún hermano quede atrás.
Lectura: a los Hebreos 10,11-14
Ciertamente, todo sacerdote está en pie, día tras día, oficiando y ofreciendo reiteradamente los mismos sacrificios, que nunca pueden borrar los pecados. Él, por el contrario, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre, esperando desde entonces hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies. En efecto, mediante una sola oblación ha llevado a la perfección para siempre a los santificados. Ahora bien, donde hay remisión de estas cosas, ya no hay más oblación por el pecado.

Palabra de Dios
Lectura: Daniel 12, 1-3

En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo. Será aquél un tiempo de angustia como no habrá habido hasta entonces otro desde que existen las naciones. En aquel tiempo se salvará tu pueblo: todo los que se encuentren inscritos en el Libro. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horno eterno. Los doctos brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad. Palabra de Dios
Lectura: a los Hebreos 10,11-14 Ciertamente, todo sacerdote está en pie, día tras día, oficiando y ofreciendo reiteradamente los mismos sacrificios, que nunca pueden borrar los pecados. Él, por el contrario, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre, esperando desde entonces hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies. En efecto, mediante una sola oblación ha llevado a la perfección para siempre a los santificados. Ahora bien, donde hay remisión de estas cosas, ya no hay más oblación por el pecado. Palabra de Dios

Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que Él está cerca, a las puertas. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.»
Palabra del Señor

Queridos hermanos y hermanas:
El Domingo, día 15 de este mes de noviembre, celebramos el Día de la Iglesia diocesana, como en años anteriores.
La jornada hace referencia a las ayudas y apoyos necesarios a favor de la Diócesis, para su funcionamiento. No es esto lo más importante, ni mucho menos, pues caminamos en manos del Señor que vela por nosotros en su Providencia. Sí es ocasión propicia para orar, pensar y agradecer nuestra pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, desde esta Iglesia de Jaén.
Realmente, si tuviéramos todos una conciencia bien formada y despierta de lo que es la Iglesia diocesana y el convencimiento firme de nuestra pertenencia activa a la misma, no haría falta celebrar esta jornada. Colaboraríamos todos, cada uno según sus posibilidades, particulares e instituciones eclesiásticas, a favor de los proyectos y programas pastorales. Así lo hacen normalmente buen número de fieles.
De ordinario, sin embargo, aunque progresivamente, se observa un despertar muy positivo en su favor, se contempla por algunos a la Diócesis como una realidad mucho menos cercana que la parroquia o grupo en el que están asociados. Sólo de vez en cuando se cae en la cuenta de la realidad de la Iglesia diocesana con ocasión del Día del Seminario, cuando se precisa algún trámite de la Curia, en la Visita Pastoral del Obispo y en algunos otros acontecimientos puntuales.
Esta jornada es fundamentalmente para esto, para sentir a nuestra Iglesia de Jaén como algo propio y para comprometernos a conocerla, a orar por sus necesidades, a quererla, a colaborar en sus tareas y proyectos, para vivir de forma efectiva y real nuestra “común unión” con Jesucristo y, desde él, con todos los fieles.
La luz de ese Rostro de Cristo ha seguido iluminando y atrayendo a incontables hombres y mujeres, de todas las edades y condiciones y en todas las épocas.
También en estas tierras de Jaén, han pasado muchas generaciones de cristianos y aquí continúa vivo el Evangelio. Somos sus herederos. Muchos fueron testigos hasta derramar su sangre; otros destacaron por sus virtudes y ciencia, algunos traspasaron las fronteras, fieles al mandato del Señor de ir al mundo entero a predicar el Evangelio.
Es esta una tierra rica en cristianos comprometidos y fieles, de personas de una profunda cultura religiosa cristiana, amantes y defensores de sus tradiciones, de amor “a flor de piel” en honor de la Santísima Virgen. Pero no bajemos el listón, como algunos se empeñan que lo hagamos. Todo lo contrario.
Así es esta Iglesia diocesana, con luces y sombras. Quiere seguir mirando al Santo Rostro,... a tantas imágenes de su devoción que continúan intercediendo por nosotros ante el Señor, al tiempo que nos invitan a seguir sus pasos La colaboración económica por parte de todos los fieles a favor del sostenimiento y desarrollo de las actividades diocesanas, es siempre necesaria. Dios no mide las cosas por primeros, sino por generosidad.
Suman muchos enteros de amor la acción caritativa y social, la ayuda para la construcción y conservación de templos, el apoyo a las misiones y desarrollo de los pueblos, a nuestros Seminarios, y, en esta jornada, a favor de la Iglesia diocesana, además de su colaboración para el sostenimiento de su Parroquia.
Cada uno aportamos conforme a nuestras posibilidades y se distribuye, luego, a la vista de las necesidades, según las urgencias.
Que el Señor os lo pague. Con mi saludo y bendición.
RAMÓN DEL HOYO LÓPEZ OBISPO DE JAÉN

AGENDA DE LA SEMANA

Lunes 16.

JUBILEO SACERDOTES JAÉN (10.00m.)

CATEQUESIS 2º (4.30t.)

CATEQUESIS 5º (5.00t.)

Martes 17.

CATEQUESIS 4º (4.30t.)

Miércoles 18.

CATEQUESIS 1º (5.00t.)

CATEQUESIS 3º (5.00t.)

Jueves 19.

CATEQUESIS 6º Y 1º E.S.O. (6.00t.)

CATEQUESIS 2º Y 3 E.S.O. (6.00t.)

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO (6.00t.)

EUCARISTÍA (6.30t.)

Sábado 21.

CATEQUESIS CONFIRMACIÓN (6.30t.)

La razón de ser principal de la iglesia es el anuncio del Evangelio de Jesucristo a todos los hombres.

Millones de católicos en todo el mundo viven el Amor de Dios y predican la Buena Noticia, lo que les lleva a reconocer en el prójimo el rostro de Cristo, de manera particular, en los más necesitados y a desarrollar una enorme labor (social, educativa, asistencial, etc) que repercute en beneficio de la sociedad.

La Iglesia Católica en España se divide territorialmente en 69 diócesis, “Donde se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo”. Las diócesis están divididas en Parroquias. Hay en España unas 22.000. Existen 13.000 Órdenes y Congregaciones religiosas, 800 Monasterios de Clausura y miles de Hermandades, Cofradías, etc.

La Conferencia Episcopal Española es una “Institución permanente integrada por los Obispos de España, en comunión con el Romano Pontífice para el ejercicio conjunto de algunas funciones pastorales del Episcopado Español”. (Estatutos art. 1, 1), esto no quiere decir que sea una “gran diócesis” que abarque a las demás, cada una tiene su autonomía.

Existen otras Instituciones y Organismos Supradiocesanos como el Arzobispado Castrense, Universidades Pontificias, Universidades católicas, etc.

La nunciatura Apostólica es el Organismo que representa a la Santa.

Existen unas 40.000 Instituciones eclesiásticas en España, compuestas por cientos de miles de personas que viven en comunión con la Iglesia y trabajan para hacer el bien a sus semejantes. Todas estas entidades operan con la autonomía que les reconoce la normativa canónica. No existe por tanto un único órgano de decisión, ni el ámbito organizativo ni en el económico.

sábado, 7 de noviembre de 2009

8 de Noviembre DOMINGO XXXII DEL T.O.

Para esos días conviene tener muy presente evangelios como el de este domingo que nos habla de un pequeño detalle que en la vida diaria ayuda a construir una vida cristiana de las de verdad. Porque en la vida podemos vivir tan centrados en nosotros mismos y en nuestras necesidades y problemas que se nos olvide mirar a los demás, a los que nos rodean. Colocados en esa perspectiva las cosas que tenemos a nuestro alcance se convierten en recursos necesarios e imprescindibles para nuestra propia supervivencia. Las manos se nos vuelven herramientas que agarran y guardan en nuestros almacenes como pequeñas o grandes palas excavadoras que barren hacia sí mismas todo lo que encuentran. Es toda una actitud vital.

El núcleo del mensaje del Evangelio nos viene a decir que no hay otra forma de vivir en plenitud que en esa relación generosa y de entrega con los que nos rodean. Ser persona es tener las manos abiertas para saludar, para compartir, para dialogar, para dar, para confiar. Cerrar el puño, acaparar, barrer para casa es volver a una situación prehumana, es volver a las cavernas, es dejar que lo más animal de nosotros triunfe.

Compartir, dar con generosidad, es toda una forma de vivir que nos hace incluso más felices. Pienso ahora en esas veces que se reúne un grupo de personas para comer juntos. Cada uno decide hacer su pequeña aportación. Al final, aunque siempre hay algunas personas que no llevan nada, siempre sobra, hay comida en abundancia. Se ha producido el milagro. Al compartir es como si los bienes se multiplicasen.

¿No será que siendo un poco más generosos solucionaríamos muchos de los problemas de nuestro mundo? Generosos con la comida, generosos con los bienes, generosos con el perdón, generosos con la misericordia, generosos con la amistad. Manos abiertas y no puños cerrados. Toda una forma de vivir en cristiano.


Lectura: 1º de los Reyes 17,10-16

En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.»
Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.»
Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.»
Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después.

Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra."»

Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías. Palabra de Dios


Lectura: a los Hebreos 9,24-28

Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos Palabra de Dios


Lectura del santo evangelio según san Marcos 12,38-44

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero; muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.» Palabra del Señor

Un padre, un hermano, un amigo

Llevo poco más de cuarenta años de sacerdocio. Cronológicamente tengo ya una cierta edad, lo reconozco (¿cómo no?). En el espíritu -te seré sincero-, me siento todavía más bien joven (sin exagerar...), quizás porque frecuento mucho el ambiente estudiantil. Te voy a manifestar una serie de sentimientos que experimento y he experimentado, y sobre los que he reflexionado infinidad de veces. Y te los voy a contar sin tapujos, porque ya sé que es así que los jóvenes queréis que os hablemos los “mayores”. A este propósito, recuerdo la frase que me soltó a bocajarro un muchacho en una reunión, cuando yo estaba todavía estudiando: “Pepe, no nos hables de lo que estudias, ¡háblanos de lo que vives!”. Pues, ahí va.

Ya sé que ser sacerdote hoy día en nuestra sociedad no está de moda, y que hay quienes te evitan o desprecian porque lo eres.

¿Si me he arrepentido de veras alguna vez de ser sacerdote? Pues, la verdad, permíteme que te diga honestamente: no. Lo cual no quiere decir que haya sido siempre fácil, ni mucho menos. Si siempre brillara el sol o siempre lloviera, no habría cosecha; se necesitan ambas cosas alternándose. ¿Cuál es o ha sido el mayor sacrificio? Varios. Sin embargo, el mayor sacrificio quizás haya sido el de los hijos y los nietos (aunque sólo Dios sabe lo que hubiera sucedido...); pero, eso me ha servido mucho para considerar y tratar a no pocos como a hijos míos, en el mejor sentido de la palabra: ¡qué experiencia tan profunda, incluso humanamente, ver que hay quienes te consideran como a su verdadero “padre” para ciertos aspectos o momentos importantes de su vida! Y te podría contar tantos casos... Es un poco aquello del ciento por uno (Mt 19, 29).

¿Qué es lo más sublime del sacerdocio? El hecho de ser en alguna medida el “otro de Cristo” para los demás, cuando les anuncias la Palabra, cuando celebras los Sacramentos, cuando tratas de dar un buen consejo sin perderte por las ramas ni pedir imposibles... Y, desde el punto de vista humano, un compañero sencillo, cordial, el amigo del que te puedes fiar sin más porque por ti daría la vida (Jn 15, 13-14) y, dentro de lo que cabe, competente en lo que se refiere a la vida y a la fe. Eso es el sacerdote: un padre, un hermano, un amigo. Como lo era Cristo. El sacerdote, efectivamente, no es un guardia civil o un policía, ni un juez que sentencia; sino un hombre entre los hombres, un cristiano entre cristianos, que necesita -como todos- el contacto humano con los demás y el testimonio de fe de los creyentes, porque no es ni un ángel ni una piedra (Hb 5, 1-4); pero, al mismo tiempo, llamado a ser, como su Maestro: “el hombre para los demás”; alguien cuya misión es escuchar y perdonar, acompañar, animar, felicitar..., dispuesto siempre, como Jesús, a lavar los pies (Jn 13, 2-15), consciente de que no está ahí para ser servido, sino para servir y dar la vida (Mt 20, 26-28; 23, 8-12); tierra de encuentro y tierra de paso: uno que acoge siempre (“El que venga a mi, yo no lo echaré fuera”, Jn 6, 37) y señala el camino justo: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5). Hombre de esperanza y serena alegría, no ingenuo sino bueno, confiado y confidente, mensajero de un mundo más fraterno, que se da a todos sin pertenecer a nadie en exclusiva, que goza haciendo el bien sin mirar a quién, más feliz en dar que en recibir (He 20, 35; Rom 12, 8; 2Cor 9, 7); que trata de vivir de manera que un día puedan cumplirse en él los versos de un sacerdote poeta (J. L. De la Torre): “Al final del camino / sólo me dirán: / ¿Has amado? / Y yo no diré nada, / abriré mis manos vacías / y mi corazón / lleno de nombres”. El sacerdote es, además, uno que tiene el privilegio de ser continuamente enriquecido por los otros -santos, tibios o pecadores que sean-, porque la confianza con que a veces las personas se te abren simplemente “porque eres sacerdote”, y te piden que les acojas con comprensión y misericordia, que les perdones en nombre de Dios, que les digas una palabra de ánimo o de consuelo..., es algo que no tiene precio, inmerecible, algo que no es fácil de encontrar en nuestro mundo, porque la intimidad no se puede exigir ni merecer, pero te la pueden regalar: ¡el regalo más grande que una persona puede hacer a otra! Qué inmensa alegría cuando al final de un encuentro alguien te da a entender o te dice claramente: “Gracias, porque ése era un peso que llevaba dentro y del que no me había atrevido a hablar nunca con nadie...”. Y esto sucede no sólo con jóvenes o adultos; no hace mucho me pasó con una persona de noventa años (¡!): si hubiera esperado un poco más quizás se hubiera llevado hasta la tumba su doloroso secreto... Es entonces que uno saca la cuenta: ¡valían la pena todos los sacrificios para poder llegar a eso!

En fin, te confieso humildemente y consciente de mis fragilidades y contradicciones (porque también yo soy pecador y necesito confesarme, ¡cuántas veces no hago lo que predico porque el pecado habita en mí! [Mt 23, 1-4; Rom 7, 14-25]), confieso -repito- que ser sacerdote -digan lo que digan quienes no lo viven- es hoy día, como lo ha sido y lo será siempre, algo grande, grande, ¡grande!...


RECUERDA.

La colecta del Domingo próximo será para colaborar con la Iglesia Diocesana

(con aquellos que están más necesitados que nosotros).

¡¡¡¡CON NOSOTROS TAMBIÉN COLABORARON!!!

domingo, 1 de noviembre de 2009

1 de Noviembre TODOS LOS SANTOS

Este domingo no es un domingo cualquiera. Hoy toca celebrar la fiesta de Todos los Santos. ¿Quiénes son? Podemos hacer un primer ejercicio y echar la mirada a la historia y a los altares y cuadros de nuestras iglesias y capillas. Ahí están algunos santos. Están convertidos en cartón piedra. Son estatuas más o menos hermosas que decoran los altares. De algunos de ellos conocemos la vida.
Un segundo ejercicio es echar la mirada al banco de atrás. Y a nuestro lado. Y a nosotros mismos. Nosotros somos los creyentes, los discípulos. Nosotros, junto con otros muchos a lo largo y a lo ancho de nuestro mundo, junto con otros muchos en el pasado y en el futuro, somos los que trabajamos día a día por hacer un mundo mejor, más hermano, más lleno de misericordia, de comprensión, de tolerancia, de amor, de perdón. En definitiva, más lleno de Dios.
La verdad es que somos hijos de Dios. Somos sus hijos e hijas, aunque no se haya manifestado del todo lo que eso significa. Ahora estamos en camino. Pero Dios está con nosotros. Y Él nos hace santos. Ahora, podemos atender a la lectura del Evangelio y escuchar como Jesús nos llama “bienaventurados” porque somos pobres, porque luchamos por la justicia, porque tratamos de ser misericordiosos, porque trabajamos por la paz y la reconciliación. Y la palabra de Jesús llega a nuestros oídos. Nos calma, nos serena, nos devuelve la alegría, nos hace conocer y comprender nuestra más honda realidad. Salimos a la calle con la sonrisa en el rostro y dispuestos a seguir luchando por mejorar nuestra propia vida y por mejorar este mundo. Por hacer que sea la casa de Dios, la casa de todos, el Reino por el que Jesús dio su vida.

Lectura: Apocalipsis 7,2-4.9-14
Yo, Juan, vi a otro Ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro Ángeles a quienes había encomendado causar daño a la tierra y al mar: "No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios." Y oí el número de los marcados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel. Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con fuerte voz: "La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero." Y todos los Ángeles que estaban en pie alrededor del trono de los Ancianos y de los cuatro Vivientes, se postraron delante del trono, rostro en tierra, y adoraron a Dios diciendo: Amén, alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza, a nuestro Dios por los siglos de los siglos, amén." Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: "Esos que están vestidos con vestiduras blancas quiénes son y de dónde han venido?" Yo le respondí: "Señor mío, tu lo sabrás." Me respondió: "Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la Sangre del Cordero." Palabra de Dios

Lectura: san Juan 3,1-3
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en él se purificará a sí mismo, como él es puro. Palabra de Dios

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,1-12

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros." Palabra del Señor
EL DIA DE LOS DIFUNTOS (Fernando Torres Pérez)
El día de los Difuntos recordamos en primer lugar a nuestros seres queridos que ya no están entre nosotros. Las palabras de Jesús que escuchamos en este día nos despiertan a la esperanza y nos consuelan en el vacío y desamparo en que nos deja la muerte. Nuestros difuntos están en camino hacia el Padre y Jesús mismo los conduce hacia su corazón insondable: la voluntad del Padre que me ha enviado es que no se pierda ninguno de los que el Padre me ha dado sino que los resucite en el último día. La ley de la muerte qué sabia es. Todos, absolutamente todos tenemos el mismo final. No hay grandeza humana que pueda escapar a este destino común y universal del ser humano. Ni bondad ni maldad duran siempre. Ni hay riqueza capaz de alargar un minuto más la vida. ¿Qué nos enseña sobre nuestro destino la Palabra de Dios? Las enseñanzas son muchas y consoladoras en el texto de Job, la Carta los Romanos, El evangelio de Juan. Nos entristece la certeza de la muerte, pero nos consuela la promesa de la vida eterna. Es este un día de visitar los cementerios. Las flores y velas en los nichos convierten el cementerio en un jardín. Es una costumbre hermosa que nos lleva a recordar a quienes estuvieron unidos a nuestros afectos para decirles que no los olvidamos, que rezamos por ellos, que siguen vivos en nuestro corazón. Según nos refiere Carlos Latorre: “En mis andanzas por América conocí la costumbre de las familias al visitar las tumbas de dar este día dulces y refrescos a los niños para honrar a los difuntos. Han pasado los años, pero todavía está grabada en mis ojos la alegría de los niños corriendo de un lado para otro, saltando tumbas y cruces, e intentando contener en sus manos los caramelos y “masitas” con que los obsequiaban los parientes. Este carácter tan festivo y popular de la visita al cementerio en estas fechas tal vez nos sorprenda, pero nos habla de una visión más “humana y cristiana” de la muerte. Se está debilitando la fe en la vida eterna. Se suele silenciar todo lo que se refiere a la muerte, haciéndola aséptica como algo inevitable y se habla de ella en voz baja y a escondidas. Pero por otra parte nunca faltan quienes quieren explotar “la falta de fe cristiana” buscando conexiones con los muertos a través de personas –medium- especializadas. El ser humano busca explicaciones y conexiones ante la muerte. Cuando la palabra de Dios no ilumina la vida se buscan luces y promesas a cualquier precio.”
AGENDA SEMANAL
Lunes 2. FIELES DIFUNTOS EUCARISTÍA EN EL CEMENTERIO (12.30m.)
Martes 3. CATEQUESIS 4º (4.30t.)
Miércoles 4. CATEQUESIS 1º (5.00t.)
CATEQUESIS 3º (5.00t.)
Jueves 5.
CATEQUESIS 5º (5.00t.)
CATEQUESIS 6º Y 1º E.S.O. (5.00t.)
CATEQUESIS 2º Y 3 E.S.O. (6.00t.)
EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO (6.00t.)
EUCARISTÍA (6.30t.)
Viernes 6.
CATEQUESIS CONFIRMACIÓN (5.00t.)
Domingo 8. EUCARISTÍA (6.30t.)

25 de Octubre DOMINGO XXX DEL T.O.

El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús en plena realización de su ministerio sacerdotal. Ante la necesidad gritada y voceada por Bartimeo, Dios no permanece indiferente. Ni Jesús, su sacerdote tampoco. Le devuelve la vista pero también le devuelve la dignidad. Le hace ver que ha sido su misma fe la que le ha curado. Y Bartimeo se integra de nuevo en la vida, en la sociedad. El que estaba sentado al borde del camino, se levanta y camina con los demás. Dios se ha acercado a él y le ha sanado. Para Bartimeo la realidad de Dios se ha hecho tan clara a través de Jesús que no puede sino seguirlo. Jesús es el sacerdote que levanta a los caídos, que consuela a los tristes, que nos devuelve la esperanza y nos ayuda a recobrar la fe que tenemos dentro de nosotros, como dice la primera lectura del profeta Jeremías.

En la Iglesia hemos dejado un poco en el olvido que somos un pueblo sacerdotal, que todos somos sacerdotes y estamos llamados a ser, como Jesús, mediadores de la presencia bondadosa y salvadora de Dios entre los hombres y las mujeres de nuestro tiempo. Hemos dado tanta importancia al ministerio ordenado que se nos ha olvidado que todos somos sacerdotes. Y que es deber y obligación de todos y todas, que nos decimos discípulos de Jesús, vivir sacerdotalmente al estilo de Jesús. Para ser sacerdote de esa manera no hace falta estudiar teología. Basta con ser ministro de la gracia de Dios para los hermanos y hermanas. No se trata de poner en duda la importancia y necesidad del ministerio ordenado, de los que llamamos habitualmente “sacerdotes”. Ya se habla mucho de ellos. Hoy conviene resaltar con fuerza el carácter sacerdotal de todo cristiano. Para que todos seamos capaces de celebrar eucaristías en la vida que repliquen y multipliquen el efecto sanador, salvador, reconciliador, de la Eucaristía que, presidida por el ministro ordenado, celebramos cada domingo.

Como siempre el pueblo de Génave respondió generosamente a la llamada que las misiones le hacía con una colecta para el Domund de 223,34€.

¡¡¡GRACIAS POR TU GENEROSO DONATIVO!!


Lectura: Jeremías 31,7-9


Así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel. Mirad que yo os traeré del país del norte, os congregaré de los confines de la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna. Se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán. Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito. Palabra de Dios


Lectura: a los Hebreos 5,1-6

Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados,

como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy». O, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.» Palabra de Dios


Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.»Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino

Palabra del Señor

ATEISMO MAL DE FAMILIA. Lilián Carapia

La mejor herencia que los padres pueden dar a sus hijos es la fe en Dios.

Ésta se logra mediante la educación que da a Dios el lugar que le corresponde, siendo coherentes, viviendo lo que se cree y se enseña. Porque una cosa es decir que creemos en Dios y que lo amamos, y otra es creer en Él y amarlo de veras. Si alguien dice que es católico pero no va a Misa; no frecuenta ninguno de los Sacramentos o vive sin ellos; no ora; no se congrega con los demás miembros de la Iglesia; no hace nada por su prójimo necesitado… ése alguien es incoherente. Y si además es deshonesto, infiel, corrupto o violento; si es una mala influencia para los demás, si abusa de ellos y no tiene la menor intención de enmendarse esa persona vive el ateísmo práctico, que lleva al olvido de los valores. La vida sin Dios (ateísmo), tarde o temprano «pasa la factura». Eso es lo que le está pasando a muchos países.

El ateísmo «se contagia» Consideremos algunos datos a partir de una encuesta realizada sólo a católicos practicantes en México. Entre ellos, sólo el 39% asiste a Misa una vez por semana porque lo considera positivo, y creen que lo que provoca que la mayoría de los católicos no vaya a Misa es la existencia de otras religiones. Lo que más pesa en las valoraciones de la Iglesia entre los jóvenes y los no practicantes es la desconfianza ocasionada por los abusos sexuales, porque consideran cerrados a los practicantes y hay una desconfianza generalizada.

La estadística comprobó que existe una relación directa entre «ser practicante y tener padres practicantes» y «ser no practicantes y tener padres no practicantes». Es decir que el ateísmo suele ser «una enfermedad hereditaria» que ya se ha propagado mucho en el mundo entero. Fe en el Dios verdadero. Ni siquiera entre los católicos practicantes de México está claro quién es Jesucristo: el 54% dice que es Dios, pero sólo el 1% sabe que Él es «Hijo de Dios»; y éste último es exactamente el mismo porcentaje de los que lo consideran un mito (1%), una idea (1%), un sueño (1%).

Es necesario que todos pongamos cuanto esté de nuestra parte para fomentar la transmisión de la fe, y especialmente entre los jóvenes, pero hay que pensar en la imagen de Dios que les vamos a transmitir. El «Dios buena onda» que no pide nada a las personas ni tiene proyectos importantes para ellas no es el Dios verdadero; éste es el falso dios de los incoherentes. Tampoco la imagen de un «Dios-que-se-opone» a que realicemos nuestra personalidad y nuestra libertad, o la de un «Dios-policía», atento a las infracciones que cometemos son imágenes del Dios verdadero. No lo es la del «Dios-amuleto» de los que lo buscan para tener buena suerte. Todas esas imágenes falsas han sido la causa de que muchos rechacen a Dios. La historia nos enseña que la «imagen de Dios» que la persona tiene suele estar de acuerdo con el «espíritu de la época» en la que vive. En otros tiempos Dios era visto y respetado como el «dueño» de la realidad y prácticamente nadie objetaba nada al respecto. Pero nuestra época es marcadamente personalista: hoy debemos entender que Dios es el primero que nos respeta como personas para transmitirlo así. Que los niños y los jóvenes se encuentren con el Dios que nos reveló Jesús: un Dios que les acepta con su manera de pensar y de sentir, y sólo pide no perder de vista la eternidad. Un Dios que nos ha dado razón, pero también emociones; un Dios que ha sembrado en nuestro corazón anhelos muy nobles y deseo de trascendencia. En fin, que todos nos esforcemos por conocer y dar a conocer al Dios Padre Misericordioso que es el único que nos reveló Jesús.


AGENDA DE LA SEMANA

Lunes 26.

CATEQUESIS 2º (4.30t.)

CATEQUESIS 5º (5.00t.)

Martes 27.

CATEQUESIS 4º (4.30t.)

Miércoles 28.

CATEQUESIS 1º (5.00t.)

CATEQUESIS 3º (5.00t.)

Jueves 29.

CATEQUESIS 6º Y 1º E.S.O. (6.00t.)

CATEQUESIS 2º Y 3 E.S.O. (6.00t.)

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO (6.00t.)

EUCARISTÍA (6.30t.)

Viernes 30.

CATEQUESIS CONFIRMACIÓN (5.00t.)

Domingo 1. TODOS LOS SANTOS

EUCARISTÍA (6.30t.)